LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE

Su vida fue una epopeya dramática de principio a fin. Protagonizó una historia teñida
de lucidez, glamour, fama y fortuna que concluyó prematuramente en condiciones trágicas. A 25 años de su muerte (el 24 de noviembre) y 70 de su nacimiento, echaremos un vistazo a la fascinante vida de uno de los artistas más admirados de todos los tiempos.

Por: Alberto Ortega Gurza


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LA FÓRMULA MÁGICA
El repertorio de Queen incluye muchas otras obras de arte cuyos arreglos vocales de extraordinaria sofisticación se funden con la ejecución instrumental, dando como resultado un soundscape de tintes épicos que combina ópera, blues, jazz, hard rock, glam rock y art rock con rock progresivo y sinfónico, y, en algunos casos, funk y dance. Sus canciones, convertidas en clásicos imposibles de imitar, rediseñaron las reglas del pop.
You Take my Breath Away es una de las canciones de amor más sublimes. Con Another One Bites the Dust dieron un vuelco a su sonido, mientras que Crazy Little Thing Called Love fue un regreso a la fórmula simple de los cincuenta. The Prophet Song, The March of the Black Queen e Innuendo tienen un grado extremo de dificultad interpretativa; las poéticas Is This the World We Created…? y Who Wants to Live Forever encienden la conciencia; y las voces perfectas de Somebody to Love combinadas con una fabulosa pista instrumental hacen de ella una obra genial. La cantante estadounidense Stefani Joanne tomó su nombre artístico Lady Gaga de Radio Ga Ga, una canción de Queen que ocupó el número uno en 19 países.
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ESTALLAN LA POLÉMICA Y LOS EXCESOS
Estando de gira en Francia, después de ver pasar a los competidores del Tour de France desde su cuarto de hotel, Freddie compuso Bicycle Race. Posteriormente, durante un concierto en el estadio Wembley de Londres, mientras Queen interpretaba la canción, decenas de ciclistas desnudas circulaban por el escenario. Además, en el álbum Jazz fue incluido un póster de mujeres andando en bici como Dios las trajo al mundo.
Con el lanzamiento se desató un fuego cruzado entre detractores y fanáticos. Pese a las severas críticas, la reproducción radiofónica a nivel planetario rompió récords.
Freddie adquirió un Rolls-Royce Silver Shadow y renovó su imagen: se quitó el maquillaje, se cortó el pelo y cambió su vestimenta exótica por tenis, jeans y camiseta. Para grabar el álbum The Game, utilizaron sintetizadores por primera vez y alcanzó su mayor éxito comercial hasta ese momento. En entrevista con el Daily Mirror, el vocalista confesó aspectos más profundos de su transformación: “Cuando no estoy en Queen quiero ser una persona más. Solía disfrutar que me reconocieran en todos lados, pero ya no. Aunque quizá sea muy rico, los días en que me interesaba demostrar quién soy y cuánto tengo, quedaron en el pasado. Pero algo es seguro; si llegara a perderlo todo, encontraría la manera de escalar de regreso a la cumbre”.
Tras superar la barrera de las 50 millones de copias vendidas, los cuatro integrantes entraron al libro Guinness como los directores de empresa mejor pagados del mundo. La mansión de Mercury era, por su modus operandi, la versión Rock ‘N’ Roll de un palacio medieval. Freddie viajaba con un grupo de amigos, su valet y cocinero. Cuando Queen estaba de gira, él, junto con su séquito, dormía en un hotel distinto al resto de la banda y se manejaba de manera independiente. Vivía en el interior de un universo propio, herméticamente sellado.
Era la celebridad de celebridades. Su existencia estaba convertida en un paraíso de arte, energía, autenticidad y fantasía, pero también en un precipicio de ignominia y lujuria. Su heterogéneo grupo de amigos incluía desde íconos y estrellas hasta los miembros de su staff. Todo lo hizo con grandiosidad, llevando al extremo el estilo de vida de un rockstar excéntrico y acaudalado. Si se trataba de celebrar, compartir o disfrutar de la vida en cualquiera de sus planos, derrochaba sin reservas.Estando hospedado en el hotel Berkshire Place de Nueva York se le antojó festejar su cumpleaños. En ese instante ordenó a su valet que comprara cincuenta boletos de primera clase para viajar a Londres junto con sus invitados a bordo del Concord. La celebración duró cinco días y cinco noches y terminó hasta que, intoxicado, exhausto y descompensado tuvo que ser llevado al hospital para recuperarse.
Queen organizaba fiestas caracterizadas por la exuberancia. Entre los invitados había políticos, periodistas, artistas, celebridades y fanáticos de diferentes partes del mundo que eran recibidos por enanos góticos con bandejas llenas de cocaína sobre la cabeza, mientras personajes extravagantes se balanceaban en jaulas pendidas del techo. Celebrar ahí entre bandas de percusiones metálicas, danzantes zulúes, serpientes, drag queens, tragafuegos, luchadoras de lodo y modelos hermosas que ofrecían champán era semejante a las fiestas de la Roma antigua en decadencia.
“Mucho de lo que aquellos juerguistas hacían a la vista de todos es imposible de publicar,” señaló el periodista Rick Sky de la BBC, quien asistió a una fiesta en Nueva Orleans para entrevistar a Freddie. “Los excesos son parte de mi esencia,” reconoció esa noche el astro. “Pienso que el aburrimiento es una enfermedad, yo necesito emoción y peligro. La gente común me cansa, prefiero estar rodeado de personas extrañas y singulares que me hagan sentir vivo”. Como podía esperarse, antes de cumplir los cuarenta fue diagnosticado VIH positivo.

LA ERA DE QUEEN
The Works, el undécimo álbum de estudio fue un éxito arrasador en los cinco continentes. Ese verano se realizó Live Aid, un megaconcierto para recaudar fondos con el propósito de ayudar a mitigar la hambruna en África. Decenas de artistas de la talla de Mick Jagger, Bob Dylan, The Who, Madonna, U2, Led Zeppelin o Paul McCartney integraron el programa que se transmitió en televisión abierta en todo el planeta.
Al terminar la actuación de Dire Straits, Queen cimbró el escenario de Wembley con una presentación espectacular. Veintiún minutos después, en el backstage, Freddie confesó que toda su vida había querido cantar para todo el mundo al mismo tiempo. En una votación global, músicos, críticos y ejecutivos de la industria eligieron la aparición de Queen como la actuación en vivo más grande de la historia. Freddie era un foco de atención internacional, se hacía cada vez más famoso. Pero en su canción solista Living on My Own reveló que la realidad de su vida privada era diferente a lo que se pensaba: “A veces siento que voy a ponerme a llorar, no tengo a dónde ir ni qué hacer, me siento solo”. Siempre rodeado de gente que lo admiraba, pero en su vida privada sufría de soledad.

FRIENDS WILL BE FRIENDS
Para Freddie no había nada tan valioso como la amistad. Como amigo era incondicional, alimentaba sus relaciones con hechos y les dedicaba tiempo. Michael Jackson y él entablaron un vínculo estrecho. Juntos grabaron tres canciones y pensaban que la mejor de ellas era There Must Be More to Life Than This. El uno al otro se llamaban “Mr. Bad”. Con base en eso, Freddie tituló su primer álbum solista Mr. Bad Guy y Michael eligió titular Bad su siguiente disco. Cuando Freddie viajaba a California se hospedaba en la mansión de Michael; quien, a su vez, aprovechaba cada oportunidad para ir a conciertos de Queen. Mercury y David Bowie se conocieron en una clínica suiza de desintoxicación y se hicieron amigos. Después grabaron el  superdueto Under Pressure que fue un éxito global.
Los actores Kenny Everett y Cleo Roco estaban esperando a Freddie para salir juntos. En cuanto el cantante apareció con Diana de Gales disfrazada de hombre, sus amigos intuyeron que iba a ser una noche interesante, relata Roco en su libro The Power of Positive Drinking.
Freddie propuso que entraran al Royal Vauxhall Tavern, un famoso bar gay Londinense. Preocupados por la posibilidad de que, si los detectaban los paparazzi, se generaría un torrente de encabezados desagradables, Everett y Roco intentaron disuadirlo para que cambiaran ese plan por uno menos comprometedor, pero él insistió: “Come on darlings, let the girl have some fun!”.
Afuera había una gran multitud, pero cuando se enteraron de que Freddie estaba ahí con amigos, abrieron la cadena y les dieron la bienvenida.
“Kenny y yo pensábamos que aunque la nuera de la reina de Inglaterra estaba disfrazada con chamarra militar, cachucha y lentes de sol, en cualquier instante la iban a reconocer,” escribió la autora. “Pero, para nuestra sorpresa, la atención de todos se mantuvo como un remolino alrededor de Freddie; la princesa pasó desapercibida y pudo disfrutar la experiencia en el anonimato, incluso ordenando bebidas en la barra”.
Lady Di –que llevaba siete años de casada– quedó fascinada por haber podido vivir una aventura así con su ídolo de toda la vida. Al salir del bar tomó a Freddie del brazo y le dijo emocionada: “¡Se tiene que repetir!”.
Necesitaríamos un libro completo para narrar las incontables anécdotas que vivió con Liza Minelli, Rod Stewart, Annie Lennox y muchos otros amigos que lo estimaban entrañablemente. Durante toda la vida llevó a la práctica lo que escribió en su hímnica composición Friends Will Be Friends.

THE SHOW MUST GO ON
A pesar de que sus canciones eran universalmente conocidas y las localidades de sus conciertos masivos se agotaban en todas partes del mundo, nada parecía ser lo suficientemente relevante para Freddie. Pero cuando el disco Queen Greatest Hits se convirtió en el más vendido de la historia del Reino Unido, admitió que todo había valido la pena.
Sintiéndose débil a causa de una enfermedad, realizó con Queen The Magic Tour. El último concierto de la gira en la ciudad inglesa de Stevenage, el 9 de agosto de 1986, fue también la última vez que se presentó sobre un escenario, pero continuó realizando proyectos musicales. Uno de ellos fue la producción de “Barcelona”, la canción elegida como el tema de las Olimpiadas de Barcelona 92 que grabó a dueto con la soprano Monserrat Caballé. La diva española aseguró que jamás había cantado con alguien tan talentoso y que tuviera una voz tan versátil. Su decadente estado de salud se hizo evidente. Empezó a perder la vista y en sus manos y mejillas aparecieron marcas rojas. Mary Austin, su antigua novia, se mantuvo cerca, acompañándolo y cuidándolo en todo momento. Habiendo recorrido el mundo entero, Freddie llegó a la conclusión de que su lugar favorito era el poblado suizo de Montreux. La casa que compró sobre el lago se convirtió en un refugio para alejarse de la velocidad de su propia vida. En las tardes pasaba horas viendo a los cisnes que flotaban tranquilamente por ahí.
Mientras grababan el disco The Miracle, Freddie aprovechó un receso para confesarle al grupo la dolorosa verdad: “Supongo que ya se habrán dado cuenta de que estoy enfermo. No quiero hablar de eso, y menos que se sepa. Lo único que me interesa es seguir trabajando hasta donde me alcancen las fuerzas”. Ignorando las sugerencias médicas de guardar reposo, trabajó intensamente en “Innuendo”, una producción discográfica extremadamente compleja. Caminar con úlceras en las plantas de los pies se convirtió en un suplicio.
En la canción The Show Must Go On describió su debacle física y admitió que no tardaría en morir, pero, a pesar de todo, se imponía con entereza (“Adentro, mi corazón se despedaza pero por fuera mi sonrisa permanece”). También reveló su deseo de vivir (“Debo encontrar la voluntad para continuar”).
Brian May agregó un verso para indicar que la apoteósica vida de su amigo se acercaba al final: “Mi alma está pintada como alas de mariposas. Las leyendas pasadas crecerán y nunca morirán. Amigos, puedo volar”.
 —“Freddie, dime si te sientes capaz de cantar esto,” le preguntó May. —“Claro que sí —respondió— y lo haré con todo el corazón”. Decidido a aprovechar hasta el último instante, Freddie viajó con Queen a Montreux para producir un álbum más. El material titulado Made in Heaven fue lanzado después de su muerte. El tema Mother Love fue su grabación póstuma. Escuchó sentado el replay de la pista vocal pero quedó insatisfecho. Apoyándose en el atril del micrófono volvió a ponerse de pie.
“Delante de nuestros ojos –recuerda Brian May— hizo el esfuerzo más increíble que habíamos atestiguado en nuestra vida. Cuando ya ni siquiera le quedaba energía suficiente para hablar, logró cantar las notas más altas con una potencia impresionante. Jamás lo olvidaremos”.
Aquella canción fue su carta de despedida:
“He recorrido hasta el cansancio esta calle solitaria, estoy desencantado/  Ya perdí la esperanza, me pesa el corazón/ No quiero dar lástima ni que me vean llorar/ Solo me quedan mis sueños/ Anhelo paz antes de morir”.
En cuanto concluyó la producción del disco suspendió todos los medicamentos. Al fin… la paz. Tras su silencio de años, el sábado 23 de noviembre de 1991, Freddie emitió un comunicado para confesar públicamente su estado de salud. Al día siguiente, el médico le suministró una dosis de morfina para mitigar el sufrimiento y aseguró que lograría sobrevivir por lo menos dos días más, pero se equivocó. Minutos más tarde el cantante de 45 años murió en su mansión del suburbio londinense de Kensington acompañado de su amigo Dave Clark, su cocinero, el jardinero Jim Hutton —quien fue su pareja de los últimos seis años— y su amiga Mary Austin, que quedó testada como heredera de su fortuna y regalías discográficas.
En el funeral, Brian May expresó haber perdido a un hermano y Roger Taylor depositó unas flores acompañadas con la leyenda “Adiós, viejo amigo. Al fin, la paz”. Las cenizas se esparcieron sobre la bahía del lago Lemán, en Montreux, donde posteriormente se erigió una estatua en su memoria.

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