LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE
Sergio Pabón

Es uno de los cerebros detrás de Estéreo Picnic, ha aprendido de sus errores. Hoy, por fin, puede presumir de un presente luminoso. Por Camilo A. Amaya G. / Fotografía: Pilar Mejía


Hay varias formas en las que uno podría comenzar este artículo. Uno podría empezar diciendo que el tipo de la foto es uno de los cerebros detrás del Estéreo Picnic y que apenas tiene 29 años. Y habría que contar que mientras estudiaba Arquitectura, vivía con sus padres y andaba con los escasos 80 000 pesos mensuales de la mesada en el bolsillo, hizo, junto con otro puñado de jovencitos en circunstancias similares, los tres primeros Estéreo Picnic, en los que, para horror de sus papás (y de su suegra, quien alguna vez le dijo que nunca lo dejaría casarse con su hija), acumuló deudas millonarias porque simplemente la ciudad no respondía a este tipo de eventos y él y sus compañeros eran unos niñitos  compitiendo con insolencia en el feroz mundo de los conciertos.

 

También podría empezar con el recuento de los muchos fracasos que tuvo que afrontar para llegar hasta donde ha llegado, pero son tantos y el espacio tan corto, que habría que escogerlos muy bien. Como ese tristísimo día de 2007 en el que junto con Santiago Vélez y los hermanos Andrés y Juan Manuel Pieschacón, con quienes conformaba T310 en aquel entonces, creyeron que se iban a volver millonarios a los 22 años con un concierto de Julieta Venegas en la Plaza de Toros de Medellín. Venían de hacer fiestas y toques pequeños pero exitosos con artistas locales como Bomba Estéreo, La 33 o ChocQuibTown, que apenas estaban tomando vuelo. Creyeron que iban a vender 10 000 boletas a $80 000, “un montón de plata”, pero en lugar de ello vendieron 800. Uno puede hacerse una idea de la desoladora imagen de la Venegas tocando en un lugar vacío y de la angustia de los cuatro muchachitos: “No sabíamos que Medellín era una plaza difícil y que el pop no vende mucho en Colombia. Al otro día el hotel estaba lleno de proveedores cobrando, no teníamos con qué pagarles. Fue un fracaso el hijue***. Ese día supimos que hacer conciertos no es tan fácil como parece”, cuenta Pabón.

 

Igualmente, este artículo podría comenzar con la imagen de Pabón llorando durante la presentación de The Killers en el Estéreo Picnic de 2013. No muchos lo saben, pero fue la banda de Las Vegas la que salvó a este festival, que en 2012 sus promotores habían decidido no volver a hacer nunca más —con un acta en la que todos estaban a favor de acabarlo, menos Pabón— debido a las millonarias pérdidas de las ediciones pasadas. “En la primera edición, en 2010, perdimos algo así como 120 o 150 millones de pesos. No pensamos que fuera a ser así de grave, ni mucho menos que en el segundo perderíamos más plata que en el primero ni que en el tercero más que en el segundo”.

 

Cuando ya todo estaba decidido, como si el universo les estuviera haciendo un guiño, el representante de The Killers contactó a Sergio para contarle que la banda estaría participando en el Lollapalooza, en Brasil, y a proponerle que los pusiera de headliners en el Estéreo Picnic. Sergio, sin consultarlo con sus compañeros, dijo que sí: “Sentía que nos lo debíamos y que teníamos que llevarlo hasta las últimas consecuencias”, dice. Si las cosas hubieran salido mal, en este momento Pabón no estaría en estas páginas. Todos habrían dicho de él que era un irresponsable, un loco. La apuesta y el riesgo eran altísimos, pero cuando se lo contó a los demás, como si la locura fuera contagiosa, todos estuvieron de acuerdo.

 

La banda costaba 600 mil dólares y ellos, por supuesto, no los tenían. Además, debían pagar la mitad por adelantado. “Sacamos las boletas para creyentes —aquellos que las compran por anticipado sin saber a quién van a ver— y sabíamos que si no recogíamos esa plata, la banda no venía, no había festival e íbamos a quedar mal con todo el mundo. Sin duda habría sido el fin. ¡Pero se agotaron!, recogimos los 600 millones de pesos que teníamos que mandarles a The Killers e hicimos un booking muy rápido con Café Tacuba, New Order, Cristal Castles… Lo anunciamos y las boletas se empezaron a vender como pan”. De ahí el llanto de Pabón ese día por una banda de la que hasta ese momento no era muy fan, pero que de ahí en adelante pasó a ser una de las más queridas. “Recuerdo estar al otro día con mi novia en mi apartamentico y pensar, por primera vez, que yo podía tener un futuro en esto, que podía tener una familia, pagar un colegio”. Para ese momento, ya había renunciado a la arquitectura faltando un año para graduarse.

 

Uno también podría empezar este artículo como Pabón quisiera que empezara, diciendo que él es solo uno de los seis miembros de la junta directiva del Estéreo Picnic, el festival de rock más prestigioso del país y uno de los mejores de América Latina. Y uno tendría que nombrar a cada uno de los demás: Julián Martínez, Santiago Vélez, Juan David Shool, Gabriel García y Philippe Siegenthaler. Y contar que hace algunos años eran miembros de empresas rivales (T310 y Absent papa) que se disputaban a muerte no solo los conciertos sino las fiestas de Halloween y otros eventos. Se odiaban hasta que descubrieron que estaban luchando por lo mismo y que, mejor que competir, sería unir esfuerzos. Hoy, además del Estéreo, hacen en promedio un concierto por semana (Arctic Monkeys y Queens of The Stone Age, por ejemplo) y están detrás de otros proyectos como el festival de música avanzada Sónar, que se realizará en diciembre.

 

Otra forma de iniciar esta nota sería por el comienzo. Contando que el amor de Pabón por organizar espectáculos de este tipo le viene desde muy pequeño, y que en eso tuvo mucho que ver Julio Correal, gran amigo de uno de sus tíos y quien “se la pasaba metido en mi casa”. Fue Correal, en ese entonces mánager de Aterciopelados, quien lo llevó a su primer concierto: “Me acuerdo de estar en la camioneta con los Fabulosos Cadillacs y después ver el concierto y enamorarme de esto”. Con Correal fueron socios por años y trajeron desde Calle 13 hasta Cerati (el último show antes de que pasara lo que pasó en Venezuela lo hicieron ellos).

 

Pensándolo mejor, este artículo podría comenzar diciendo que Pabón se casó hace poco con su novia de toda la vida (esa cuya madre alguna vez le dijo que nunca la dejaría casarse con él). Que el Estéreo Picnic, desde aquel día en que tocaron The Killers, empezó a ser rentable y que la empresa, que en este momento está buscando un nombre unificado, solo piensa en su promisorio futuro desde sus oficinas de Usaquén, en donde trabajan unas 45 personas. Este artículo podría empezar de muchas formas, pero como lo demuestra la historia de este bogotano, empezar nunca es fácil.

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