LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE
Juan Pablo Rocha

Preside la agencia JWT en nuestro país, trota mucho, trabaja más, y ha vuelto a la academia. Su compañía es una de las creadoras de la exitosa campaña ‘La respuesta es Colombia’


Por: Diego Rodríguez / Fotografía: Juan Pablo Gutiérrez

Una de las profesiones más divertidas y al mismo tiempo más agobiantes del planeta es la publicidad. En la mañana se planea una campaña de pañales, en la tarde una de cervezas y en la noche se piensa en cómo llevar al poder a un político. El proceso de comunicación suele ser el mismo: llega un cliente con su necesidad, el publicista lo atiende (lo ausculta) como si fuera el médico de la marca, hace su diagnóstico y se lo remite a sus especialistas: creativos, estrategas, ejecutivos, productores de radio y televisión y fotógrafos. Ellos buscarán las locaciones y las modelos apropiadas, pero todo debe partir de una idea poderosa.

 

Ese es un proceso que se repite todos los días en JWT Colombia (J. Walter Thompson), la emblemática compañía mundial creada hace más de 150 años, y presidida en nuestro país por Juan Pablo Rocha, un ejecutivo que lleva sus riendas desde 2002. Su oficina es especial. Hace poco fue premiada por su estilo y decoración. Pero no solo su despacho es particular, en el séptimo piso de este edificio, ubicado en la calle 97 con carrera 11 en Bogotá, cada detalle fue pensado para inspirar ideas: paredes de ladrillo, algunas de guadua, amplios ventanales. Rocha se siente orgulloso del espacio donde trabaja. Tiene un aire relajado, hoy no lleva corbata –la usa poco– y calza zapatos cómodos con cordones de colores.

 

Mientras revisa sus tres teléfonos móviles (uno de ellos es un infaltable Nokia), habla de sus planes actuales; Rocha, además de presidir la compañía, es asesor de importantes políticos y desde hace un año es decano de Publicidad Internacional en la Universidad Sergio Arboleda. “Ya era hora de criticar menos y hacer más. La industria publicitaria le ha dado la espalda a la academia, y ha olvidado que su propio futuro está ahí, en las aulas, en la formación de nuevos talentos. Se suele decir que ir a una facultad de publicidad no sirve para nada, hay que hacer algo al respecto. En nuestra profesión existe un irresponsable desprecio por la academia”.

 

Juan Pablo, bogotano de 50 años, empezó su carrera como redactor publicitario, luego fue ejecutivo de cuenta para Unilever. Cursó una maestría en Barcelona en Dirección de Empresas con énfasis en mercadeo. Trabajó en Lintas España, volvió al país y fue gerente de Y&R en Bogotá. Luego montó su propia agencia, la vendió a otra importante multinacional, y mientras esto ocurría lo llamaron de JWT. En la actualidad su empresa cuenta con 250 empleados que manejan importantes cuentas en los sectores automotor, de telecomunicaciones, de alimentos y bancos, entre ellas: Claro, Ford, Banco Caja Social, Juan Valdez, Marca País, Bayer, Kimberly Clark, Nestlé, Nokia y Nike. “Uno se acostumbra a profundizar mucho en un tema y saltar a otro rápidamente; los publicistas adquirimos una agilidad mental extraña para abordar quince asuntos al tiempo y sumergirnos profundamente en cada uno para luego pasar al siguiente, nos volvemos ‘multicanal’”, dice Rocha, quien conoce muy bien la rapidez y la complejidad que rondan el universo publicitario. “Manejar talentos no es fácil, más cuando este es el mundo de las ideas y, por ende, de los egos. La innovación es clave, un buen publicista siempre se pregunta: ¿qué más Preside la agencia JWT en nuestro país, trota mucho, trabaja más, y ha vuelto a la academia. Su compañía es una de las creadoras de la exitosa campaña ‘La respuesta es Colombia’ puedo hacer para aumentar el valor agregado de mis clientes? La agilidad mental y el don de gente son muy importantes en este negocio”. Y otra cualidad de vital importancia es lograr mantener elevado el ánimo de su equipo, aun en los momentos más complicados y oscuros –que los ha tenido–. “Cuando llegué a JWT, enfrentamos un año muy difícil, pero ese fue el que más me hizo crecer. La labor no es mía, sino de mi equipo de vicepresidentes, son excepcionales: yo les muestro la meta y les transmito seguridad. Aclaro que no es tan fácil, los publicistas trabajan mejor a partir de la seducción, que con órdenes (risas)”.

 

Bajo su dirección, JWT ha creado campañas muy exitosas, como la del relanzamiento del Banco Caja Social o el cambio de marca de Comcel y Telmex a Claro, y hoy se siente muy orgulloso con el resultado de La respuesta es Colombia, para Marca País. “Sí, los colombianos vivimos todo con muchísima pasión, y desde ese punto de vista el anterior acercamiento era apropiado. Sin embargo, el país necesita una campaña que le haga justicia a la inmensa transformación que estamos viviendo, ¡hoy no solo somos pasión! Colombia tiene mucho más que decirle al mundo, estamos listos para responder a las múltiples inquietudes de los inversionistas globales; por eso somos un país respuesta; por eso: ‘la respuesta es Colombia’. No es un simple eslogan publicitario, sino la actitud de una nación que está dispuesta a ser líder regional, a mostrar su cara industrial y profesional, y su talento. Más fascinante aún fue la forma como trabajamos esta campaña: no fue labor de una agencia; el cliente hizo un experimento que resultó inquietante al comienzo pero maravilloso después, imagínese lo que fue integrar a cuatro agencias para que trabajáramos juntas: Sancho BBDO, Rep Grey, MEC y JWT”.

 

Rocha necesita actividad, dice que se aburre un poco en vacaciones, que lee tres libros a la vez, que disfruta del mar pero requiere algo de “voltaje”, por eso revisa todo el tiempo su correo electrónico y precisa estar enterado de todo lo que sucede en su compañía. Asegura que esto no le genera estrés; todo lo contrario, al saber qué pasa se siente tranquilo. “En once años solo he apagado el celular dos veces (durante una semana) porque me fui a meditar”. Por eso admite que su gran vicio es el trabajo. Ha visitado veinticinco países (le encanta Italia; pero sus ciudades favoritas son Barcelona y Nueva York). Es madrugador, se levanta a las cinco de la mañana, les prepara el desayuno a sus hijos de diez y doce años, los acompaña a tomar la ruta del colegio. Luego sale a trotar. Hace poco tuvo algunos problemas con su rodilla y estuvo alejado del deporte durante algún tiempo –la inactividad le hizo sumar ocho kilos a su peso habitual–. Sabe que al llegar a su oficina su bandeja de entrada estará llena (cada día recibe por lo menos 150 mensajes de correo) y saldrá de una reunión para entrar en otra. Sus días, como él bien lo dice: “están full”. Desde hace algún tiempo a su rutina se suman las visitas a la universidad (ahí, en las aulas, están esos nuevos talentos que él tanto busca). Si el día se lo permite tratará de estar en casa a las 6:30 p. m. para verse con sus hijos. Es un hombre casado, juicioso, de “rumba cero” y pocos cocteles. Su restaurante favorito es Balzac, en Bogotá. Suele vestirse de Ferragamo y Banana Republic, pero, como típico publicista, en su clóset prima la ropa de buen diseño sin importar la marca. Su auto es un Ford, sus televisores, Sony; la cocina de su casa tiene diseño italiano. El libro que lo acompaña por estos días: Pa que se acabe la vaina, de William Ospina. Cree en el budismo, pero no es budista; cree en Dios pero no es católico; aunque sí es un convencido del poder de la perseverancia y, después de trabajar todos estos años en un negocio que maneja miles de millones de pesos, dice que ya sabe qué va dejarles de herencia a sus hijos. ¿Un nuevo Ford, acaso? No. “Algo esencial en la vida: espiritualidad, sin eso no son nada”.


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