LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE
Nacho Figueras

Es, de lejos, el modelo latinoamericano más famoso. Pero también se ha convertido en el vocero más importante del polo, deporte que practica desde niño y al que quiere quitarle la etiqueta de elitista


Página

Por: Manuel Martínez Torres / Fotografía: Markus Ziegler

La presentadora del noticiero de CBS This Morning, Gayle King, le pregunta a Nacho Figueras al final de una entrevista en vivo que puede verse en YouTube: “¿Qué te hace ser tan buen jugador de polo, tu pelo, tus ojos, tus abdominales?”. Nacho responde, con una sonrisa a medias: “Todas esas cosas. No es el trabajo duro, ni las ocho horas diarias que monto a caballo, ni los entrenamientos: es el pelo, el pelo ayuda mucho”.

Durante una lección privada de polo transmitida en el extinto The Oprah Winfrey Show, que también puede verse en YouTube, la actriz y comediante Ali Wentworth le dice a Figueras: “Por lo general, en Estados Unidos un nacho es un pasabocas, ¡pero tú eres una comida completa!”. Él contesta, de nuevo con una sonrisa a medias: “Hoy no”. Luego, cuando se va a subir al caballo, Wentworth le pide a Figueras que la empuje por el trasero. Nacho le da unas palmaditas en la espalda y se ríe. 

Las dos mujeres dijeron lo que dijeron en son de broma (creo) y Figueras lo entendió así. Sin embargo, estos pequeños episodios, ocurridos en dos programas muy importantes de la televisión estadounidense, ilustran dos cosas: la reacción que Nacho provoca en muchísimas mujeres, y las tablas escénicas que el polista profesional y top model argentino ha desarrollado desde que Ralph Lauren lo escogió para aparecer en los anuncios de su imperio de moda en el año 2000. Así que son ya trece años de esta relación, sin duda una de las más duraderas entre un famoso y una marca en la industria de la moda, de la que ambas partes han salido beneficiadas. Figueras obviamente desde el punto de vista económico, pero también porque gracias a la fama que le han dado las campañas en las que aparece y los eventos en los que participa, ha podido impulsar el deporte que ama. Y Ralph Lauren porque en Nacho encontró un embajador ideal: elegante, sencillo, discreto, exitoso, simpático y, bueno, evidentemente bien parecido... En fin, si yo tuviera una hermana, muchachos, le diría que le tirara un anzuelo, aunque Figueras es un hombre de familia felizmente casado con Delfina Blaquier y juntos tienen cuatro hijos.

“La verdad es que me crié admirando la marca, porque cuando era chico tenía el perfume verde con el jugador de polo y quería tener la camiseta con el caballito, pues a mí lo que me gustaba era el polo y los caballos, no quería mucho más”, me dice Nacho. “Nunca soñé que terminaría siendo la persona que iba a representar a Ralph Lauren por tanto tiempo”.

Nace una estrella. Porque juega polo y por la imagen que ha proyectado con su trabajo para Ralph Lauren y otros productos como el whisky Johnnie Walker Blue Label, lo lógico sería pensar que Figueras nació en cuna de oro. Nada más lejano de la realidad. Nacho creció en una familia de clase media “muy unida y mi padre siempre me inculcó el esfuerzo, que nada es imposible, que hay que tomarse las cosas muy en serio. Mi mamá siempre fue muy cariñosa, con buenos principios, con una energía muy positiva. Nos criamos así [él y sus dos hermanas], en un entorno alegre, con muy buen espíritu”.

Parte de su infancia la pasó en 25 de Mayo, una ciudad pequeña a unos 200 kilómetros de Buenos Aires donde su padre, ingeniero agrónomo, tenía una granja. “Nos mudamos a la capital para poder ir a un colegio mejor, mi padre quería que yo aprendiera inglés y la razón que tenía”, dice Nacho. “Después, cuando cumplí 14 o 15 años, me volví al campo porque yo quería jugar al polo todos los días y en la ciudad no se podía”.

Figueras vivió los siguientes dos años en una estancia de 25 de Mayo propiedad de Lucas Monteverde, amigo de su padre, polista profesional y cuyo hijo, también llamado Lucas, era el compañero de juegos de Nacho cuando eran niños. En buena medida fue debido a los Monteverde que Figueras encontró su vocación.

“De chico quería ser deportista, pero me decidí por el polo por varias razones”, dice Nacho. “Empecé a entender y a querer mucho a los caballos, y también vi que el mundo del polo me iba a abrir puertas rápidamente. Gracias al polo empecé a tener oportunidades de viajar, y todas esas cosas juntas me dieron el empuje para dedicarme de lleno a esto”.

“En el quinto año de secundaria dejé el colegio porque me fui a jugar polo a Francia. Tenía 17 años. Le pedí a mi mamá permiso y me dijo: ‘Cuando vuelvas, terminas el colegio o te mato’. Y claro, volví y terminé”, añade entre risas.

Después de Francia, estuvo en España, Inglaterra y Bélgica, y en 1999 llegó a Nueva York para incorporarse al equipo White Birch. Fue ahí donde conoció al fotógrafo Bruce Weber, quien hacía las campañas publicitarias de Ralph Lauren. “Bruce me mandó a ver a Ralph y surgió la posibilidad de que un polista de verdad empezara a hacer cosas con la marca”, recuerda. “Nunca lo vi como un tema tanto de exposición, sino como un ingreso extra para poder comprar más caballos y estar más a la altura de las circunstancias como profesional del polo. La relación fue evolucionando y yo he aprovechado la situación y el momento para hablar de mi deporte”.

Página
CATEGORÍAS
Edición Actual
Síganos
¿Nos busca? Aquí nos encuentra
© 2012 Todos los derechos reservados | Diseñado por OMEGA WEB SYSTEMS