LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE
La estrategia del hombre borracho

Usted llegó muy tarde a casa, quizá no puede tenerse en pie, pero aún le queda un poco de lucidez: úsela para calmar los ánimos de su pareja o para irse del hogar.


Ilustración: Viktor Barrera


Alargar la fiesta de vez en cuando no está mal. Llegar a casa en la madrugada a buscar agua y un analgésico es totalmente válido, usted trabaja muy duro; se merece un par de copas con sus amigotes, compartir las miserias de sus vidas, hablar de las mujeres que no estarán en su cama, rajar de Santos, soñar, entablar conversación con la polaca que está en la barra, escapar, por unos momentos de la rutina –si usted es un inútil, vago y mantenido, ignore lo anterior y póngase ya mismo a trapear la casa–. Y de repente, con su cara de borracho, tendrá que explicarle a su pareja dónde demonios estaba y qué hacía. Quizás esto le ayude. 


1)
Primero, olvide el viejo truco de hacerse el enojado y el ofendido, si ella tiene mala cara (no podría tener otra, es un martes, son las cinco de la mañana, a esa hora hasta Paola Turbay se ve como Chewbacca) es porque usted no llamó y este país es inseguro y le pudo haber pasado algo. Por eso, mejor ponga tonito comprensivo y arrepentido. 


2)
Ella le va a preguntar: “¿Por qué no llamaste?”. Usted no diga que se le gastó la batería del teléfono –disculpa de principiante; y si pasó eso, igual, no lo diga, no se lo creerán–. Sonría, acaricie con suavidad su hombro y dígale: “Bueno, lo importante es que ya llegué, ¿no?”.


3)
Si lo suyo no es la diplomacia, entonces, con un par muy bien puestos, mírela a la cara y dígale: “¿Y ya va a estar el desayuno?”.


4)
Si al abrir sigilosamente la puerta de casa la primera en recibirlo es su hijita de siete años ya bañada y con el uniforme del colegio, sea veloz y diga: “Dale, mi amor, te acompaño que tu bus ya va a llegar”. 


5)
En caso de que haya metido la pata (y otras cosas por ahí), y que en su camisa haya huellas de labial y olorcito a cuerpo ajeno sudoroso, lo mejor es que tire su camisa por el shut, llegue a casa con el pecho al descubierto (déjese la corbata) y cuando ella le pregunte “qué pasó”, usted, alzando los brazos y haciendo círculos en el aire, responda: “¡uhuh, rumba gaaaaaaaay!”.


6)
Puede que su mujer sea una fiera histérica y lo espere en el portal con un objeto contundente en la mano, con ganas de usarlo contra su cráneo. Tiene varias opciones: a) llegue con el casco de la moto puesto, b) déjese pegar y demándela, c) mejor quédese en la casa de su amante y al otro día vaya y saque silenciosamente su maleta y piense qué demonios hacer con su vida.


7)
De acuerdo con un estudio mundial realizado por Esquire, todo hombre tiene derecho a tener una pequeña escapada sana (es decir, sin contacto contundente con un ser del sexo opuesto) al menos dos veces al mes.


8)
O.K., dicho estudio no existe, pero es apenas justo, ¿no?


9)
Llega a su casa (se siente culpable porque cayó en las garras de la Yuri). Va a su habitación y, ¡sorpresa!, su esposa no está. Hay una nota sobre el colchón: “También me fui de rumba”. Dese una ducha, quítese los rastros de la Yuri, espere a su mujer y cuando llegue, sírvale un café, dele un beso y no pregunte nada.


10)
Y recuerde, manejar borracho a casa no lo hace ni más arriesgado ni más intrépido, eso solo lo hace más idiota e irresponsable (¿dolió?).


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