LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE

Ya estuvo en las páginas de Esquire. Contó un chiste y mostró su belleza.
Lo primero, pasó al olvido (¿alguien se acuerda del chiste?) pero de lo
segundo nos dejó con ganas de más. Por eso volvemos a tenerla, esta vez
no garantizamos risas, pero sí varios suspiros. Encuentre más fotos en la edición impresa.

Por: Édison Monroy P. / Fotografías: Ricardo Pinzón Hidalgo / Producción y Styling: Charlie Carvajal para La Madona Producciones


Se presenta con su nombre de pila, Diana Lemus, pero desde este momento pide que la llamemos simplemente Di; fácil de recordar, algo que es importante, más ahora que se acercan varios proyectos en donde seguro escucharemos de ella.

A todos nos gusta estar cerca de una mujer bonita, pero esta modelo llega al punto de que te intimida con su belleza. Tal vez por sus inacabables piernas (parece más alta de lo que es, mide ‘solo’ 1,75). Además, sus felinos y achinados ojos; aparentemente son una mezcla de azul y verde, pero después de fijarme bien durante un tiempo (solo por razones profesionales, claro) encontré tonalidades grises, amarillas y hasta naranjas. “Un maquillador una vez me dijo que tenía los ojos más gay que había visto, porque son multicolor”, cuenta entre risas.
Aparte de bella, Di también es una mujer exitosa. Con 24 años, ha aparecido en decenas de editoriales de moda, desfilado para diseñadores tan reconocidos como Roberto Cavalli, Óscar de la Renta o Carolina Herrera; ha sido imagen a nivel mundial de Cotton USA, de Reebok Latinoamérica y Ford, e incluso promociona una marca de mochilas hechas por indígenas wayuu, a quienes, asegura, no les cobra un solo peso. Fue elegida Modelo del Año en el 2011. Tony Marques, gurú de la moda en Latinoamérica y uno de los socios de Grupo4, la agencia que la maneja, asegura estar feliz de tenerla en su catálogo porque es una mujer camaleónica, amada por igual por diseñadores, fotógrafos y productores.

Las cámaras de televisión también le han coqueteado. Le han propuesto actuar para series y novelas, pero ella, finalmente, descubrió que ese no era su camino: grabando un comercial, el director le dijo que debía besar a otro modelo y hasta ahí le llegaron las ganas de actuar. No quería serle “infiel” al novio que tenía en esa época.
Por su trabajo, esta bogotana ha viajado por varios lugares del mundo. Nos habla de la vez que vivió en Nueva York, y, de primera mano, recomienda lugares para conocer en París, Ámsterdam, Milán, Barcelona, México D.F., Buenos Aires, Sâo Paulo, Santiago de Chile, Lima, Quito… También ha visitado por gusto lugares de Colombia, en plan mochilero y con sus amigos. “Viajar te da cultura. No es tan complicado y tan caro como la gente cree”, asegura esta joven a quien, reconoce, le gustan más los climas templados o fríos que los destinos de playa, y también más la moda otoño-invierno que la de verano.

Luego de graduarse de Finanzas y Relaciones Internacionales, trabajó en una agencia de aduanas, antes de atreverse a crear su propia compañía. Primero, una empresa de entrega de flores a domicilio y luego, una decoradora y productora de eventos conformada por mujeres cabeza de familia.

Se considera animalista. Tiene dos gatos, Coco y Luna, adoptados, por supuesto. Tuvo alguna vez un perro, pero era de su anterior novio, por lo que cuando se terminó la relación, el can quedó huérfano de madre. Otra mascota que pasó por su vida fue un pez beta, esos que tienen aletas exóticas. Ese lo ‘heredó’ de una amiga que se mudó a otra ciudad y no sabía qué hacer con el animal.

Parece una mujer inalcanzable y casi imposible de conquistar sin invitarla a planes caros y exóticos. Para salir de dudas fui a la fuente directa, su actual novio, para que contara cómo había hecho para que ella ahora afirme que lo “ama con el alma”. Diego Cadavid (no, no el actor), es el nombre de este envidiado personaje, quien nos reveló que al principio intentó “canchear”, sorprenderla con sus historias de fotógrafo e invitarla a planes deslumbrantes. No le funcionó. Se resignó a ser su amigo y un día simplemente la invitó a tomarse un jugo de naranja. Así comenzó todo. Algunos tienen suerte.

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