LA REVISTA QUE SALVA AL HOMBRE
Monsieur Pascal

En Bogotá existe un lugar para probar, y probar, el infinito vino francés... A precios muy razonables. Por Daniela Chinchilla


Pascal es un francés que vive bien. Su vida ha girado por años alrededor del vino y la comida. También es chef y pastelero. Y encontró su hogar aquí en Bogotá hace 13 años, luego de que una colombiana lo conquistara cerca de La Sorbona, donde ella estudiaba Derecho. Pascal abrió un restaurante en Bogotá, lo levantó, cocinó y lo cerró cuando ya no daba más. Pero ahora es el rey de un castillo; uno ubicado en la carrera 11 con 84 de Bogotá que está lleno de vino francés. ¡La gloire!

Bueno, no es literalmente un castillo. Por fuera es una casa antigua del barrio El Chicó, pero por dentro parece un lujoso apartamento parisino, con pequeñas salas habitadas por más de cinco mil botellas de vino francés que Pascal escogió con cuidado para el paladar de los colombianos ( y de todos los franceses expatriados que lo visitan con frecuencia).

Entro a este castillo llamado Les Châteaux de Pascal y este señor sonriente me saluda con su marcado acento francés. Le digo que adelante, que me hable en su idioma nativo, haciendo alarde de mi buen manejo del lenguaje. Pero el francés prefiere el español, que ya le es más natural. Se nota que lleva años siendo anfitrión y me explica, con calma, que en esta casa el vino está clasificado por regiones: primero la bien conocida Burdeos, la región del sur occidente de Francia que más vino produce en el país y la que, seguramente, mejor conocemos en Colombia por sus vinos ensamblados. Luego está Borgoña, un lugar mucho más pequeño en el centro del país, dueño de los Pinot Noir delicados. Hacia el fondo de la casa, está ubicada una de las más deliciosas, La Provenza, con sus grandes rosados – y no digo esto porque sea chica, de verdad, deles la oportunidad, y si es al lado de un plato de mariscos, mejor–. Y claro, no puede faltar Champagne.

A lo largo de su vida profesional, Pascal ha hecho muchos contactos en los viñedos de Francia y, poco a poco, se ha ganado la confianza de los productores que siempre son elegidos por su respeto a la tradición de la fabricación del vino. “Quiero que los vinos que traiga estén hechos de forma artesanal, donde se respeten los procesos de la A a la Z, y en donde se ponga la calidad sobre la cantidad”.

En esta sucursal de Francia, más del 80 por ciento de las botellas son exclusivas de Pascal por los siguientes 10 años. Y no, no son caras. Aquí encuentra vinos desde 28 000 pesos hasta los que superan el millón y que resultan ser un privilegio pues la producción total de sus viñedos puede ser de tan solo 300 botellas al año. Pero todo esto es gracias a que Pascal pone la calidad del líquido por encima de la fama de la etiqueta.

Cuando visite esta tienda, hay un pequeño rincón que le recomiendo explorar con cuidado. Se trata de una esquina en donde Pascal exhibe los vinos de una región poco conocida llamada Jurançon, que queda al sur del país galo. Aquí encontrará las cepas Grand Manseng y  Petit Manseng, que dan un vino  blanco dulce frutal que, como dice el experto, “marida perfecto con los quesos maduros e, incluso, va mejor con un foie gras que un típico Sauternes”.

Si algo es interesante en este lugar es sentarse a explorar vinos. Encontrará etiquetas raras, cepas desconocidas. Pero la buena noticia es que al lado tendrá a Pascal, quien siempre estará dispuesto a guiarlo. 

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